lunes, 1 de agosto de 2011

Culitos tiernos para un jardinero (XXVIII)

Después de cuatro días en los que seguí con mi trabajo normal por el día y la preparación y montaje de las muchas horas de vídeo que grabamos el fin de semana anterior, el viernes decidí llamar a la chica que tenía pendiente. Después de la violación de la casa de la montaña, faltaba una chica por probar a la cual había cogido el teléfono y llevaba 4 días sin meterla, o sea que ya tenía ganas de algo de mambo. Recuperé el papel con su teléfono del bolsillo de mi pantalón y realicé la llamada sobre las 2 del mediodía:
  • "¿Sí?", respondió una suave voz femenina al otro lado.
  • "Hola pequeña. ¿Te acuerdas de mí?. Soy Jose, el que hizo que tus amigas las montañeras se lo pasasen tan bien hace unos días. ¿Te acuerdas de mí?".
  • "Esto… Sí, claro que me acuerdo. Hola. ¿Qué quieres?", dijo la chica después de unos segundos de silencio.
  • "Pues quiero quedar contigo esta tarde".
  • "Es que… no sé. Esta tarde tengo ocupada con una amiga que he quedado para estudiar en su casa hasta tarde".
  • "Bueno pues tendrás que aplazarlo, porque tienes una deuda pendiente conmigo".
  • "Ya, pero… ¿qué quieres?. ¿Para qué quieres quedar conmigo?".
  • "¿Qué para qué?. Je, Je. Para hablar un poco mujer. ¿Para qué va a ser?".
  • "Ya. No sé. Es que…".
  • "Bueno no me hagas perder más es tiempo. Dime donde quieres que te recoja y hasta qué hora tenemos para hablar tú y yo".
  • "No sé. Termino el colegio a las 5 y media y hoy había dicho a mi madre que llegaría a casa sobre las 11 o 12 porque había quedado con Raquel, una amiga mía para estudiar juntas".
  • "Bien. Pues dile a tu amiguita que tienes unas cosas importantes que hacer y que te cubra la noche de hoy ¿A qué colegio vas?".
  • "A las Hermanas Irlandesas".
  • "Vaya. Un colegio de monjitas. ¿Vas de uniforme?".
  • "Sí".
  • "Que bien. Eso me gusta. Ya sé cual es el colegio. Te espero a las 6 menos cuarto en la tercera bocacalle según sales por la puerta principal a la derecha. Esa que tiene unos cubos de basura del restaurante gallego. ¿Sabes donde te digo?".
  • "Sí ya sé donde me dices".
  • "No te retrases. Odio esperar".
  • "Bueno, pero no me hagas nada por favor".
  • "No te preocupes. ¡Ah!, por cierto ¿Cuántos años tienes?".
  • "Mañana cumplo 19".
  • "¡Vaya!, mira que bien, pues podemos hacer la fiesta de cumpleaños por adelantado".
  • "Ya, claro. Por favor tengo miedo. No me hagas daño".
  • "No te preocupes. Y otra cosa te pido. Quiero que vengas con el uniforme del colegio, pero sin bragas ni sujetador ni camisetas ni historias de ropa interior".
  • "¿Cómo?. Joer, no puedo. ¿Cómo me voy a quitar las bragas y el sujetador?. El uniforme nuestro es una mierda y la falda es muy corta y con pliegues. Al mínimo viento que haya se nos levanta la falda y llevamos unas bragas especiales como un bañador de chico apretado. Además la camisa es muy fina y se me transparentará todo".
  • "No te preocupes. Te tapas las tetas con los libros al andar o te pones un jersey para salir del colegio que te quites luego al verme. Y sobre la falda, pues vete con las manos sujetándola para que no se te levante. Además si se te levanta y dejas ver tu culito a algún vejete, seguro que le alegras el día".
  • "Joer, por favor, no me hagas eso. Tengo miedo por favor. Me da mucha vergüenza que me puedan ver así. No me hagas quedar contigo. Yo no …".
  • "Bueno déjate de rollos. Te espero a las 6 menos cuarto donde te he dicho. No seas plasta, chavala", le dije colgando el teléfono.
A las 6 menos veinte minutos llegué al sitio donde había quedado con la chica y la esperé en la calle de enfrente, por si acaso se le ocurría venir acompañada no tener líos con nadie.
Un minuto antes de la hora, Gemma apareció por la esquina de la calle y se metió en la calle a buscarme. Con el uniforme del colegio estaba realmente increíble: faldita de cuadros realmente corta para ser un uniforme, camisa blanca fina, zapatos negros sin tacón y calcetines blancos por debajo de la rodilla. El pelo lo llevaba recogido en una coleta que le daba un aspecto si cabe más sexy e infantil. Sus ojos eran verdes muy claros, nariz respingona y labios carnosos y muy sexuales. Tenía una pequeña cicatriz en la mejilla derecha, que le hacía rasgos aún más aniñados. Los rasgos de su cara no es que fuesen perfectos desde el punto de vista de la belleza, pero sí que eran terriblemente sensuales y atractivos. Con solo verla, se me puso dura como una piedra pensando en cuando la tuve atada a la mesa hacía un par de fines de semana, con su precioso culo a la vista de un montón de chicos y pudiéndomela haber follado la dejé marchar virgen como llegó. Arranqué el coche, me puse a su altura en un momento y le llamé por la ventanilla.
  • "Sube".
La chica se sobresaltó al oírme, pero abrió la puerta del coche y subió al asiento del copiloto.
  • "Hola. ¿Qué tal el día?. ¿Has estudiado mucho?".
  • "Hola. No. Estoy muy nerviosa. Por favor, si quieres hablar hablamos, pero no me violes, por favor. No estoy preparada".
  • "Ya. ¿No estás preparada para qué?. Para recibir una pollita, para mamarla, para, … ya viste que tus amigas de la montaña no lo pasaron tan mal al final. Tú que habrás hablado con ellas sabrás qué es lo que dicen de aquel fin de semana".
  • "Pues alguna dice que se lo pasó bien y que no le importaría repetir. No lo entiendo pero alguna dice eso. Sobre todo Eva, Arancha y Susana. Otras desde luego no hablan tan bien de todo, pero es que yo no …".
  • "Que no qué. ¿Qué eres virgen?".
  • "Sí. Completamente".
  • "Bueno alguna de tus amigas también lo era y se corrió como una gata en celo o sea que no te preocupes".
  • "Por favor. No me hagas nada. Ellas casi todas habían ya salido con chicos y les habían tocado sus cosas, pero yo nada. Por favor no me hagas nada", dijo la chica con una lágrima cayendo por la cicatriz de su mejilla derecha.
  • "Bueno déjate de rollos. ¿Has cumplido mis condiciones?. Deja de una puta vez los libros en el asiento de atrás hija que está puesta la calefacción y no se te van a enfriar las tetas".
  • "Sí no llevo más que la camisa, la falda los calcetines y los zapatos".
  • "A ver. Sujétate las tetas por encima de la camisa. Quiero ver si no llevas sujetador".
La chica obedeció y se levantó las tetas con las manos haciendo que sus rosas pezones contrastasen con su piel blanca se hiciesen perfectamente visibles a través de la camisa. Al cogerse las tetas con las manos, parecían ser más grandes de lo que pensé a primera vista y desde luego tenían la forma perfecta que correspondía a una chica de su edad.
  • "Tienes unas tetitas preciosas chavala. A ver si llevas braguitas".
La chica completamente sonrojada se levantó la falda por un lateral mientras con la otra mano se cubría la entrepierna. De esa forma me permitió ver que no llevaba ropa interior a la altura de la parte alta del muslo, pero tapaba su entrepierna.
  • "Perfecto. Así me gusta, que seas obediente. No tengas tanta vergüenza de taparte tanto hija, que seguro que tienes un conejito precioso que no tienes por qué esconder".
  • "Por favor…", rogó la chica.
Le hice ponerse unas gafas de seguridad pintadas de negro que parecían unas extrañas gafas de sol, para que no pudiese ver el camino hasta mi piso. Una vez allí, aparqué el coche en el garaje, le pedí que me diera las gafas y subimos por el ascensor hasta mi casa. Una vez dentro, pasamos hasta la sala, donde tras encender la cámara de video que tenía con un trípode, yo me senté en una butaca bastante alta y a ella le dije que se quedara de pie frente a mí.
  • "Quédate de pie. Quiero ve lo guapa que estás. Pero no tengas miedo y acércate un poco más que no te voy a comer", le dije señalando el suelo al lado de donde yo tenía mi pies.
La chica obedeció y se quedó a unos 2 metros de donde yo me había sentado.
  • "Bueno, háblame de ti", le dije.
  • "¿De mí?. Pues no sé. He cumplido ya 18 años y el año que viene espero ir a la universidad, tengo 2 hermanas más pequeñas que yo, mi padres…".
  • "Espera, espera. Cuéntame algo más interesante. ¿Tienes novio?".
  • "¿Novio?. Pues… no. No tengo".
  • "¿Has salido con algún chico?".
  • "Bueno vaya. Salir sí con 3".
  • "¿Qué experiencia tienes en el sexo?".
  • "¿Qué?", preguntó Gemma completamente sonrojada.
  • "En el sexo hija no seas lerda. Que quiero que me cuentes si follas con esos chicos, si te la meten por delante, por detrás, si se la mamas, si dejas que te coman el conejito, si te dejas sobar, si les besas, todo vamos …".
Gemma miraba al suelo avergonzada por lo que estaba oyendo que le pedía responder.
  • "Soy virgen. No me he acostado con ningún chico y desde luego no me han hecho nada por detrás. No se la he chupado a ninguno ni he dejado que me vean desnuda a mí. Besarnos sí nos hemos besado mucho y todos ellos me han tocado por encima de la ropa. A ninguno le he dejado pasar se ahí salvo a Mario, el chico con el que he salido últimamente que el otro día me abrió la camisa".
  • "¿Qué te hizo?".
  • "Me tocó primero por encima del sujetador aunque yo le decía que parase y luego me lo soltó y me acarició las tetas un buen rato hasta que me levanté de la cama, porque me quería desabrochar el pantalón. También me tocó la entrepierna por encima de los vaqueros".
  • "Bueno hija, algo es algo. ¿Te gustó?".
  • "Supongo que sí, pero tenía miedo que nos pillasen mis padres. Estábamos en mi habitación en casa y ellos estaban en la sala".
  • "Entiendo. Gemma, ¿te haces pajas?".
Esta pregunta hizo que la chica se pusiese aún más colorada de lo que estaba.
  • "Eh…. Sí. Alguna vez".
  • "Vaya, menos mal hija. Creía que no hacías ni eso. Cuéntame como lo haces, cuando y en qué piensas: en chicos, en chicas, en qué situaciones, …".
  • "La verdad es que lo hago bastantes veces. Casi todos los días, vaya. Lo suelo hacer cuando me voy a la cama por las noches, pero también algunas veces en el sofá viendo la tele yo sola en casa. Incluso en la ducha o en el bidet con agua caliente".
  • "¿Cómo lo haces?".
  • "Pues… Joer, me toco y me froto el clítoris con dos dedos y algunas veces, bueno pues me meto algo mientras tanto. Por ejemplo un rotulador bastante gordo que tengo".
  • "Vaya, eso está bien. ¿En qué piensas cuando te lo haces?".
  • "No sé. En cosas. No siempre es lo mismo".
  • "Ya por ejemplo en las últimas 4 o 5, ¿en qué has pensado?".
  • "En varias últimas he pensado en lo que pasó en el refugio".
  • "¡Vaya!. Eso me ha sorprendido. ¿O sea que te tenía que haber dado bien entonces y te hubiese gustado?".
  • "No, no. Tampoco es eso, pero la verdad es que me ponía un poco oír lo que hacías con alguna de mis compañeras.
  • "¿Qué es lo que más te gustaba?".
  • "No sé. Por ejemplo me puso lo que le hicisteis a Eva y a Arancha", susurró la chica completamente ruborizada.
  • "Vaya, pues si lo sé te violo allí mismo como a esas dos amiguitas tuyas tan putas".
  • "No, no. Si yo estaba rezando para que no me hicieseis nada, pero no podía evitar ponerme al oír a Eva o a Arancha".
  • "Tú si que me estás poniendo ahora con lo buena que estás. Levántate un poco la faldita y déjame ver tu conejito. Luego date la vuelta y me enseñas esa maravilla de culo que tienes".
La chica obedeció avergonzada y se levantó la falda de colegiala, dejando ver un preciosamente arreglado pubis rubio. Se dio la vuelta y me enseñó el culo como yo le había obligado, dejando claro que su trasero era realmente precioso.
  • "Ahora cariño ven aquí. Arrodíllate entre mis piernas y empieza a hacerme una buena comida. Tiene que ser una mamadita espectacular, porque sino me voy a enfadar".
  • "No le he hecho nunca", dijo la chica.
  • "No importa. Tú arrodíllate y mira la película que he puesto. Es la que grabé el otro día en el refugio. Ahí verás como se mama una buena polla", le dije mientras daba al play del video haciendo que pudiese ver la imagen de su monitora comiendo una polla tras otra.
La chica obedeció y se arrodilló entre mis piernas, cogió mi polla con la mano derecha y comenzó a introducirla en la boca y moverse arriba y abajo apretando muy bien los labios para darme más gusto. Gemma siguió todas mis indicaciones para hacer una felación perfecta, excepto la de tragar el máximo posible de polla, puesto que le daban demasiadas arcadas si intentaba introducir toda la polla por la garganta.
  • "Muy bien. La mamas de cojones, rubia. Además tienes una cara de chupona que me pone a cien", le dije después de 5 minutos de mamada en que la chica movía su cabeza fuera y dentro tan rápido como podía y desde luego como nunca lo había hecho. "Para y levántate un momento que sino me voy a correr y quiero hacerte alguna cosita más".
Sumisa la chica obedeció y se puso de pie frente a mí. Con una palmada en el muslo la hice separar un poco las piernas y comencé a acariciar sus muslos desde la rodilla hacia arriba. Sus piernas eran perfectas, suaves y duras como a mí me gustaba. Mis manos llegaron a sus caderas y cogieron sus nalgas, estrujándolas y masajeándolas unos segundos. Después mientras mi mano izquierda continuaba sobando su culo, la derecha fue directa a la entrepierna de la chica.
  • "¡Auuu!. Por favor no me hagas daño. Haré todo lo que me pidas, pero no me hagas daño".
  • "¡Hostia!. Estas mojadita, pequeña. Me parece que tú eres un poco zorra".
  • "Me haces daño, por favor. No me hagas nada", rogaba la chica mientras mi mano se intentaba abrir paso en su entrepierna, buscando su clítoris y masajeándolo con fuerza.
  • "Ahora lo que vas a hacer es lo siguiente. Tienes un culo divino y te lo quiero follar, o sea que yo me voy a quedar sentado sujetándome la polla y tú te vas a dar la vuelta y con los pies juntitos te vas a colocar entre mis piernas, te levantas la faldita y te sientas sobre mi polla metiéndotela por el culete. Quiero disfrutar de la metida pero quiero que te la claves tú, así no te haré daño".
  • "Por favor. Eso no. Seguro que me va a doler mucho. Nunca me he metido nada por ahí".
  • "No te preocupes que solo te molestará un poco al principio. Luego vas a cabalgar como una loca con mi polla metida en tu culo y no te dolerá nada. Además como no lo hagas te voy a dar unos azotes peores que los que se llevó tu monitora el otro fin de semana".
  • "No por favor. Está bien. Lo intentaré", dijo Gemma dándose la vuelta, colocando los pies como yo le había dicho y levantándose la faldita por atrás y recogiéndosela en la goma de la cintura dejando a mi vista su maravilloso culo.
  • "¡Pero qué culo tienes, tía. Es que no te lo imaginas. Joder que ganas tengo de follártelo un buen rato!, le dije dándole un azote con la mano abierta.
La chica se sujetaba las nalgas tratando de abrirse el ano al máximo y comenzó a bajar su culo sobre mi polla, que yo la sujetaba con las dos manos en posición totalmente vertical para facilitar la penetración. Mi polla así parecía mucho más larga de lo que era en realidad.
  • "Venga vete bajando, que quiero ver como se te mete la polla en el culete", le dije cuando su ano tocó mi polla.
  • "No puedo seguir. No me va a entrar". Dijo Gemma después de presionar un poco con su apretado esfínter sobre mi polla. "Me duele mucho y no puedo".
  • "Tú aprieta bien y no me hagas cabrear cariño, que sino va a ser peor. Tú déjate caer ya verás como mi polla se clava en tu culete sin problema".
La chica iba bajando sobre mi polla para presionar un poco y volviendo a subir cuando notaba el dolor de la dilatación de su esfínter. De esta forma, subiendo y bajando sobre mi durísima polla, su ano se iba muy lentamente dilatando y yo iba disfrutando porque mi glande entraba cada vez un poquito más en el delicioso y virgen culito de la chica. Tuve muchas tentaciones de cuando estaba intentando dilatar lentamente su ano, cogerla por la cintura y tirar hacia mí, para clavarla hasta el fondo de su intestino, pero no lo hice. Dejé a Gemma poco a poco ir dilatando su ano, hasta que en una de las ocasiones ambos notamos cómo mi glande penetró el estrecho agujerito de mi deseo.
  • "¡¡Aaaahhhh!!", gritó Gemma asustada al notar que mi polla ya parecía poder entrar. "Casi me la meto entera. Me parece que ya me entra".
  • "Ya lo veo cariño, pues ya sabes. El capullo es lo más gordo y difícil, o sea que ahora quiero que te la metas hasta el fondo y te sientes encima de mí como si se tratase de una butaca".
Gemma repitió la operación de unos segundos atrás comprobando que efectivamente mi glande se podía meter por su ojete casi sin oposición y con un mínimo de dolor. Desaparecida la punta en el interior de la niña, se fue dejando caer muy lentamente sobre mi polla, haciéndome disfrutar del espectáculo de ver cómo su culo se tragaba milímetro a milímetro toda la longitud de mi miembro.
  • "¡¡Aaaaaaaaaahhhh!!. Es como una sensación rara. No me hace daño. Es como cuando vas al baño y te da gustirrinin", dijo la chica mientras mi polla iba desapareciendo por su culo.
  • "¿Ves como podías?. Venga clávatela hasta el fondo. Ya verás como cuando te de por culo te gustará. Si a los maricones les gusta, por algo será. Ya verás como a ti también te da placer".
Gemma se fue dejando caer hasta que sus nalgas tocaron mis piernas. Para ese momento yo ya había quitado las manos de la base de mi polla, que se aguantaba ya clavada en el ano de la chica. En ese momento dejó de abrirse el culo con las dos manos y las apoyó en el sofá.
  • "¡Joer, que pasada!, me la he metido entera, como en las pelis porno. ¡Yo alucino conmigo misma!. Aquí sentada con una polla metida por el culo y sin quejarme".
  • "¿A que te gusta y te da morbo, pequeña?".
  • "No sé. ¡Bufff!. Es como raro, pero desde luego no está mal. Es una sensación rara".
  • "Ahora pon las manos en mis rodillas y empieza a hacer agachadillas. Quiero notar como mi polla entra y sale de tu culete unas cuantas veces a tu ritmo".
  • "¡Jooooder!. ¿Será posible?. Me da como gusto notarte ahí detrás al moverme", dijo Gemma.
La chica me obedeció nuevamente y con las manos apoyadas en mis rodillas comenzó a subir y bajar. Primero lentamente y enseguida más rápido. Mis manos sujetaban a la chica por la cintura, metiéndose por debajo de su camisa blanca semi transparente.
En pocos segundos, Gemma se movía como una loca cabalgando sobre mi polla, gimiendo cada vez que entraba hasta el fondo de sus entrañas. Mis manos para ese momento ya habían desabotonado su camisa y comenzaban a sobar sus pechos libres de sujetador. Así siguió cabalgando durante el tiempo suficiente para que yo pudiese quitarle toda la ropa. Primero la camisa y luego la falda que tenía recogida en su cintura. Sus pechos eran realmente grandes para el peso de la chica, muy blancos, con pezones pequeños y duros rodeados de una mínima aureola rosada. El los minutos posteriores, mis manos se concentraron en sus pechos y fundamentalmente en sus pezones, que fueron amasados y estrujados con fuerza, provocando en la chica gemidos de excitación próximos al dolor. Sin duda era la chica que más estaba disfrutando de todas cuantas me había follado hasta el momento. A pesar de su virginidad estaba dejándose llevar y disfrutando a tope del momento. Solo hoy en día la situación de Elena o incluso de Vanesa podía compararse al comportamiento que estaba teniendo mi rubia compañera.
  • "Ahora siéntate aquí cariño. Túmbate hacia atrás", le dije tirando de su torso hasta tumbarla sobre el mío. "Eso es y ahora pon los pies aquí arriba para que se te abra bien el culito y te pueda dar por ahí un rato", le comentaba mientras señalaba mis rodillas.
En esa postura casi acrobática, con su cuerpo reclinado sobre el mío y sus pies apoyados en mis rodillas abiertas, cogía a la chica con mis dos manos por la parte posterior de los muslos, justo sobre las rodillas y tiré hacia atrás abriéndola de piernas hasta que sus rodillas llegaban a la altura de sus pechos. En esta postura su coño quedaba realmente abierto y podía ver en el espejo que tenía frente a mí, la polla entrando y saliendo con total libertad de su culo. La parte más baja de su cuerpo apoyada en algo era su ano que abrazaba mi pene, por lo que dejándola caer por gravedad, mi polla se hundía hasta lo mas hondo de su culo.
  • "¡Dios, que pasada!. Nunca hubiese pensado que me gustaría tanto que me diesen por detrás. Y yo que pensaba que me iba a doler…", dijo Gemma.
  • "Pero que pedazo de zorra eres cariño. No te preocupes que te vas a hartar de que te dé por culo".
Así seguimos unos minutos hasta que decidí cambiar de postura y cogiéndola en volandas sin sacársela del culo la di la vuelta y la coloqué a cuatro patas en el sofá. Esa era una postura mucho más cómoda para mí en la que me recreé en mi enculada metiendo y sacando completamente mi polla una y otra vez, haciendo que arquease bien la espalda hasta tener sus pechos pegados al sofá, de forma que su ano quedase perfectamente accesible. El grado de dilatación de su ano era realmente importante y yo podía entrar y salir de ella sin dificultad ninguna. También en esa postura pude masajear el clítoris de la chica mientras la daba por el culo, haciendo que se corriese dos veces antes de que la llenase el agujero trasero de mi leche.
  • "Vaya, pequeña, eres una auténtica zorra. Follar no habrás follado, pero gustarte ya te gusta, ¿no?".
  • "Sí, supongo que sí. Yo creía que me ibas a hacer daño, pero me lo he pasado de maravilla", dijo Gemma sonrojándose y con la mirada fija en el suelo como avergonzada.
  • "Oye, no te avergüences. Joder, a ver si es malo decir que te gusta follar como una loca".
  • "Ya, claro, supongo que no, pero no se. Joer yo hasta hoy no había hecho nada y hoy de repente me la has metido en la boca y por detrás, o sea que tú dirás".
  • "¿Y?. Si te ha gustado habrá que repetir. Además no te creas que tu conejito rubio se va a escapar hoy de un buen polvo para desvirgarlo".
  • "¿También por ahí?. ¿No me hará daño?".
  • "Seguro que no. Si no te ha dolido por detrás, por delante vas a gozar como una salvaje. Ya lo verás. Te vas a correr como una pequeña gatita en celo. De todas formas ya sabes que esto lo estoy grabando todo o sea que será nuestro pequeño secreto. Nadie se tiene porqué enterar a cambio de una cosa".
  • "¿Qué quieres?. Como se entere mi madre me mata".
  • "No te preocupes. A cambio de que seas mi esclava sexual y hagas lo que yo te diga siempre que te lo diga. ¿Qué te parece el cambio?".
  • "Ya. Joer, ¿y si no acepto?".
  • "Pues tienes que aceptar cariño, porque te lo has pasado muy bien y no quieres que nadie te vea cabalgar como una loca con una polla metida por el culo. Imagínate que este video fuese a parar a tus amigos de clase. Ibas a tener ración de polla para todo el mes cada día".
  • "Me estás chantajeando".
  • "¿Chantajeando?. ¡Que va!. Después de lo bien que te lo has pasado, lo que estoy haciendo es acordar contigo que de momento seas solo para mí durante un tiempo. Yo te enseñaré todo sobre el sexo y te servirá de experiencia para que nadie te engañe en el futuro. Así podrás practicar conmigo todos tus sueños prohibidos. No es un chantaje. Es un acuerdo. Ya tengo otras 4 chicas en las mismas condiciones y se lo pasan de maravilla. De hecho creo que a alguna de ellas la conoces".
  • "¿En serio?. ¿A quien?".
  • "Te lo diré en su momento. Por ahora quiero oír que estás de acuerdo con nuestro trato".
  • "Sí estoy de acuerdo. ¡Qué remedio me queda!, no te digo".
  • "También es verdad. Bueno de momento túmbate en el sofá bien abierta de piernas que te voy a follar el coñito, preciosa".
Gemma obedeció sin rechistar y se tumbó en el sofá abriéndose las piernas dobladas por las rodillas y sujetándoselas por los tobillos. Dejaba un primer plano increíble de su entrepierna rubia, muy arregladita pero con el pelo un poquito largo para mi gusto, por lo que antes de nada, con una maquinilla de afeitar y espuma repasé toda su entrepierna y su pubis hasta dejarla completamente depilada como una niña de 10 años. Su vagina era alargada y con los labios vaginales muy poco pronunciados. Su clítoris era más pequeño de lo normal, su coño se abría como pidiendo guerra dejando entrever zonas rosadas en su interior. Su culo era precioso y blanquito como su piel. En ese momento se encontraba un poco entreabierto y dejaba caer un pequeño chorro de mi leche proveniente de mi anterior corrida.
  • "Así me gusta más bonita. Me encanta tu coñito, chavala. Creo que es el más bonito que he visto nunca", le dije.
  • "Me alegro que te guste. ¿Te puedo contar uno de mis secretos prohibidos?", dijo Gemma con ganas de guerra.
  • "Por supuesto. Adelante".
  • "Siempre me masturbo pensando que un chico me lo lame de arriba abajo, sobre todo en el clítoris, chupándomelo una y otra vez. Lo he visto en las pelis porno. ¿Me lo vas a hacer tú?".
  • "Joder, chica. Me tienes sorprendido. Eso está hecho pero con una condición".
  • "¿Cuál?".
  • "Que luego te voy a follar bien follada y quiero terminar en tu boquita, es decir, que me la chupes después de follarte y te comas mi corrida hasta la última gota".
  • "Joer. Eso lo he visto también en las pelis porno y me da un poco de asco, pero vale. Me lo comeré todo".
Dicho y hecho, mi lengua comenzó a recorrer arriba y abajo su sexo concentrándose en su clítoris de vez en cuando, que mordisqueaba y chupaba con mucha fuerza. También se metía hasta donde llegaba por el interior de su vagina, arrancándole gemidos de gran placer sin parar un momento. Así estuve comiendo su delicioso conejito hasta que me cansé de oír cómo se corría una y otra vez, por lo que opté por follármela en esa misma postura. Colocándome de rodillas en el suelo, con mi polla enfrentada a su coñito comencé la penetración.
  • "¡Aaaaaayyy!. Me duele. ¡¡Aaaaahhhh!!", gritó Gemma al notar cómo mi polla entraba en su virgen sexo rompiendo su delicado himen.
  • "¿Te duele, eh?. O sea que no me has engañado y eres virgen de verdad".
  • "¡Aaau, aaaauuuu!, joer si me duele. Con cuidado por favor. No seas bruto", dijo Gemma mientras su gesto daba claras muestras de dolor ante su primera penetración.
Mi excitación ante la disposición de la preciosa rubia a dejarse hacer lo que yo quisiera era tal, que opté por no hacerla daño y penetrarla muy lentamente hasta llegar al fondo de su vagina.
  • "¿Ahora qué tal, rubia?. La tienes metida bien hasta el fondo".
  • "Mejor. Ahora mejor. Joer, ha habido un momento que me dolía un montón", respondió la chica con mi polla totalmente metida hasta el fondo.
  • "Pues entonces vamos a dar un poquito de mambo".
Comencé el mete y saca con bastante rapidez desde el principio, haciendo que durante el primer minuto, gemidos de dolor siguiesen saliendo de la garganta de Gemma. Sin embargo pasado ese primer instante, su cara se torno a un gesto de placer que me ponía más cachondo cuanto más la miraba. Mis manos sobaban sus pechos mientras mi polla se follaba su estrecho y virgen conejito. Sus pezones rosas, estaban cada vez más rojos probablemente debido a su excitación y también a mis pequeños pellizcos. Sujetándome la base de la polla con mi mano derecha, se la sacaba y volvía a meter completamente hasta el fondo para sentir lo más placentero de todo, que era la excitación en mi glande al comenzar la penetración. Me la follé en esa postura, en la de misionero en el suelo, ella a cuatro patas y desde atrás, ella cabalgando sobre mí mirándome y luego dándome la espalda, ella tumbada de perfil en el suelo y yo desde su espalda y todas las posturas que se nos ocurrieron durante los 40 minutos en que mi polla ocupó su vagina. Sin duda la que más le gustaba a la chica era cabalgar sobre mi polla mirándome para que yo la pudiese sobar las deliciosas y sensibles tetas. Pasado ese tiempo, la chica se corrió con tal magnitud, que la hipersensibilidad que tenía luego su vagina era algo exagerada y gritaba cada vez que me movía en su interior.
  • "No te aguanto, por favor. ¡¡Aaaahhhh, aaaaahhhh!!", gritaba a cada penetración mía. "Acuérdate que no tomo nada. Por favor, no te corras dentro. Por favor, te lo pido".
  • "Tranquila zorrita. No te olvides que me la tienes que chupar y tragarte mi corrida".
  • "¡¡Aaaaahhhh, aaaahhh!!. Sí, dámela por favor. No sigas que no te aguanto".
  • "Venga ponte de rodillas golfa".
Gemma obedeció y se arrodilló en el suelo. Yo me senté en el sofá y le ofrecí mi polla para que la mamara. La chica se lanzó sobre la polla, que estaba llena de una mezcla de sus jugos vaginales, algo de sangre de su himen y mis líquidos preseminales. Desde luego su sabor no debía ser tan malo, porque la tragó tan al fondo como pudo y comenzó a mamármela como le había enseñado. En escasos segundos, me vio el orgasmo y sin avisarla, eyaculé en el fondo de su boca, sujetándole la cabeza por atrás para evitar que se retirase. Oí como la chica tragaba los borbotones de esperma que le iban llenando la boca sin rechistar y sin atisbo ninguno de arcadas. Cuando terminé de correrme, la chica se levantó sin rastro de mi corrida y lamió mi polla sonriente y con cara de satisfacción.
  • "Muy bien, pequeña. ¿Te ha gustado el postre de leche salada?".
  • "Pues la verdad es que no está nada malo y sí que me ha gustado. No he tenido oportunidad de saborearlo bien, pero la próxima vez lo saborearé mejor".
  • "Vaya. Me tienes asustado. Para domar a mis anteriores esclavas me costó un triunfo, pero veo que no es tu caso y que te gusta la polla más que a un tonto un caramelo".
  • "Me lo he pasado de maravilla", respondió sonrojándose.
  • "No te olvides que estás desde este momento a mi disposición y que te llamaré al móvil para follarte siempre que me apetezca".
  • "Mientras sea como hoy desde luego no me importa".
  • "Por cierto. ¿Qué tal estudiante eres?".
  • "Regular. La verdad es que apruebo todas menos matemáticas, que me cuesta mucho".
  • "Bueno, pues apunta mi móvil. Quiero que hables con tus papaitos y les convenzas de que necesitas un profesor de matemáticas y les des mi móvil, porque has oído que soy el mejor".
  • "¿Pero tú sabes algo de mate?".
  • "Ya verás como no vuelves a suspender matemáticas si estás conmigo. Estoy en el último curso de ingeniería y de hecho hace años daba clases a chicos y chicas de tu edad aunque últimamente he optado por otros trabajos a tiempo parcial que me dan más dinero. De todas formas, yo lo que voy a hacer es enseñarte a follar. Te voy a follar por todos los sitios y tantas veces que se me pondrá roja la polla. Y tú a obedecer como una esclava".
  • "Está bien, hablaré con ellos", dijo la chica tras dudar unos segundos.
  • "Está bien. Puedes irte. Has sido una buena chica, pero antes dime tu número de teléfono movil".
Gemma obedeció y me dio su teléfono móvil, apuntando ella también el mío bajo el nombre de "profe de mate".
Dicho y hecho, esa misma noche recibí una llamada en el móvil de la madre de Gemma, para solicitar mis servicios 2 días durante hora y media a la semana para ayudar a su hijita en matemáticas. Por supuesto llegamos fácilmente a un acuerdo de precio y quedamos todos los martes y jueves a las 18:00, que era media hora después de que ella llegase a casa del colegio y así estaba más "centrada". La madre parecía una señora directa y contenta por que su propia hija había sido la que le había recomendado un profesor para mejorar en el colegio. Era miércoles y quedamos en comenzar al día siguiente a las 18:00. La madre me dio la dirección de su casa y me dijo que ella llegaría sobre las ocho o sea que si en esta ocasión no podía ser ya nos conoceríamos en otro momento para ver si su hija estudiaba algo o no.

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